El poderoso ecologismo de nuestras abuelas‏

En la cola del supermercado, el cajero dice a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de la compra porque las bolsas de plástico son dañinas para el medio ambiente.

La señora pide disculpas y explica: “Es que en mis tiempos no pensábamos en la ecología”

El empleado le contesta:
Ése es el problema que tenemos ahora. La generación de ustedes no se preocupó de preservar el medio ambiente.

Tiene razón –dijo la señora-. En aquellos tiempos no pensábamos en la ecología.

En aquel entonces las botellas de leche, de refrescos y de cerveza se devolvían a la tienda.

La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica, donde las lavaban y esterilizaban…… antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían utilizar los mismos envases una y otra vez. Así los reciclaban de verdad.
Pero es verdad, en aquellos tiempos no pensábamos en la ecología.

Subíamos y bajábamos escaleras, porque no había artefactos mecánicos en todos los comercios y oficinas. Íbamos andando a la tienda…en lugar de usar el coche de 200 caballos cada vez que teníamos que recorrer dos manzanas.
Pero tiene usted razón. En aquellos tiempos no pensábamos en la ecología.

Entonces lavábamos y reutilizábamos los pañales de los bebés, porque no los había de un solo uso. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas de 200 voltios que consumen mucha energía rugiendo para secar la ropa. Las energías solar y eólica secaban nuestra ropa estupendamente. Los niños usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

Pero tiene usted razón: en aquellos tiempos no pensábamos en la ecología.
En aquel entonces teníamos un televisor o una radio en cada casa, no un televisor en cada habitación y un equipo de música de miles de vatios. Y el televisor tenía una pantalla del tamaño de un pañuelo (¿recuerdan?) no una pantalla del tamaño de un campo de fútbol.

En la cocina molíamos, batíamos y desmenuzábamos a mano, porque no había aparatos eléctricos que lo hicieran todo por nosotros. Cuando embalábamos algo frágil para enviarlo por correo usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no envoltorios de burbujas o bolitas de plástico. En aquellos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar la hierba.df826d88cd7138d99f07d399d3832ccd

Usábamos unas tijeras cortadoras que funcionaban a músculo.
Hacíamos ejercicio trabajando y no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad
Pero tiene usted razón: en aquellos tiempos no pensábamos en la ecología.
Cuando teníamos sed bebíamos en una fuente, en lugar de usar vasos y botellas de plástico cada vez que queríamos beber agua.

Recargábamos las estilográficas con tinta, en lugar de tirarlas y comprar otras nuevas.
Y cambiábamos la hoja de afeitar en vez de tirar a la basura toda la maquinilla sólo porque la hoja ya no corta.
Pero entonces no pensábamos en la ecología.

En aquellos tiempos la gente usaba el tranvía o el autobús y los niños iban a la escuela en bicicleta o andando, en lugar de usar a su madre como un servicio de    taxi disponible las 24 horas.

En cada habitación teníamos un enchufe, no una batería de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos ningún aparato electrónico que enviara señales de satélites a kilómetros de distancia…para encontrar la pizzería más cercana.

Categorías: Sabiduria ancestral | Etiquetas: , | Deja un comentario

“Mis amigos los árboles”

Siempre me ha gustado mucho eso de ir con mi padre a la Venta la Rubia a volar aviones. Recuerdo con suma añoranza el constante ronroneo de los pequeños motorcitos de gasolina como si de abejorros se tratase. Ya cuando los veía me planteaba: “¿Y si me convirtiese en una mosca y pilotase uno de ellos?”. Por eso cuando fui una adolescente emancipada no descarté la posibilidad de volar, sentir el aire, el vacío bajo mis pies… Me daba igual el cómo pero necesitaba cambiar la panorámica de mi visión. Podía ser en paracaídas, parapente, ala delta, aeroplano o ultraligero pero quería volar. Tuve la posibilidad de hacerlo en parapente y poco a poco los días en que hice uso de él fueron aumentando. ¡Esto sí que era divertido! Además, con parapente podía moverme en diversas direcciones, no tenía porqué ser en círculo como los aviones maqueta que hacía mi padre sujetados con una cuerda.

Un día de esos en que me iba a volar con el parapente buscando ligereza en mi cuerpo y relax en mi espíritu, buscando olvidarme de los problemas económicos, materiales y mundanos para poder tocar el cielo y con ello acercarme más a lo espiritual, un día de esos hallé en la cima de la montaña desde la que me solía tirar, un globo abandonado. ¡Sí, un globo! Ay, ¡Cuántas dudas tuve! “¿Qué hacer? ¿Me subo a él? ¿Y si está roto? Yo no sé manejarlo pero no tiene que ser muy difícil”. Me decía una y otra vez hasta que al final me animé. Miré a los lados y me subí a él. ¡Si pudiera expresar la tremenda alegría que mi corazón sintió…! Volar en globo era muy, muy diferente a volar en parapente ¡Y me encantó! globo1

Tras esos primeros ratos en que me preocupé de aprender a manejarlo, vinieron otros de tremendo disfrute. Nunca había visto un cielo tan bello como el día aquel. ¡Ésta vez sí que estaban bonitas las nubes! Reflexionando sobre ello, tomé conciencia de que lo que en realidad me sucedía era que estaba plenamente feliz. Cuando te sientes plena, en unión y armonía con la Naturaleza, todo te parece mucho más bello, intenso y único, por ello, a raíz de esa experiencia tan bonita, decidí no volver a tener pensamientos tristes y empezar a preocuparme más por mi relación para con la Naturaleza y entonces lo vi, vi un mundo desolado, sucio y desértico. ¡No me lo podía creer! ¿Eso era la Tierra? No, no puede ser. ¡En la Tierra hay muchos, muchísimos árboles y plantas! El jardín de mi casa está lleno, la huerta de Pedro también, las montañas a las que solía ir a andar los fines de semana, también. ¡Todo estaba lleno de árboles! Bueno, todo no, existían los pueblos y las ciudades con algunos árboles heroicos por las calles preocupados por intentar anular mínimamente la contaminación del ambiente para que podamos sobrevivir así como algún que otro parque disperso por ahí. También estaban los valles con sus cultivos, huertas y ganadería y las altas montañas con sus impresionantes y fascinantes piedras pero el resto… ¡El resto eran zonas de tierra llenas de árboles! O eso me parecía a mí hasta que cambié mi visión, hasta que me convertí en un verdadero pájaro como aquel día. Entonces descubrí que no era así, que realmente los lugares con árboles eran muy poquitos, diminutas manchas verdes en un mar terroso. ¡Vaya sorpresa! Pero no os preocupéis amigos, no me dejé invadir por la tristeza sino que me llené de energía ¡Tenía un plan! Una vez hube aterrizado y vuelto a Tierra, me dirigí lo más veloz posible a casa a realizar mi plan: Reforestaría diversas zonas de terreno y hablaría y ayudaría a mis amigos para que hiciesen lo mismo.bosque-comestible

De camino a casa pasé por la de Pedro y le comenté que por favor me guardase semillas de todo árbol o planta que tuviese y fuese una variedad antigua, especialmente si era de secano y autóctona. Quería semillas diferentes, plantar biodiversidad para que así no sólo aumentasen las posibilidades de supervivencia, sino que también enriqueciese la biodiversidad del planeta y no permitiese que ciertas variedades se extinguiesen. Prefería de secano porque son más fuertes y suelen estar menos manipuladas por el hombre, así como semillas en vez de árboles ya nacidos porque estos últimos necesitan más agua o riegos para su supervivencia mientras que las semillas no. Las que naciesen era muy probable que sobreviviesen y, algunas que no naciesen seguirían vivas hasta encontrar el momento propicio. En casa también iba guardando la semilla de todo fruto que comía: manzanas, peras, ciruelas, naranjas, limones, melocotones, albaricoques… y, cuando me iba a pasear, de todo árbol que viese, aunque no fuese frutal: bellotas de encinas, robles y alcornoques, castañas pilongas y comestibles, semillas de acacia, de plataneras, etc.

Poco a poco iba almacenando una buena cantidad de ellas en casa y, a ratos libres, cuando me apetecía, las envolvía en unas bolitas de arcilla que hacía de uno, dos o tres centímetros de grosor, sobre todo las pequeñas pues no quería que los pájaros ni las hormigas se las comiesen. ¡Quería que naciesen muchos árboles! También la arcilla las protegía del sol y del frío. Las bellotas, castañas y semillas grandes las dejaba así o las envolvía en arcilla, según me apeteciese. Nunca hice una bolita de arcilla sin apetecerme ni desearlo o disfrutarlo con todo mi ser pues consideraba que si las hacía con todo mi amor, placer e ilusión, este cariño traspasaría a la semilla dándole fuerzas para nacer y sobrevivir.

Entonces, busqué los lugares propicios. Fui a todo terreno que veía (prefiriendo, claro está, aquellos por los que no pasan cabras, ovejas o vacas habitualmente) y comencé a repartir por todo él aleatoriamente las bolitas de arcilla con las semillas. Los huesos grandes, o bien los ponía sobre la tierra tapándolos con muchas hojas o paja para que mantuviesen la humedad y el calor, o bien hacía un pequeño agujero del doble de profundo que grosor tenía la semilla e introducía en él dos, tres o cuatro de ellas, tapándolo después. También, a todo amigo o familiar que conocía con patio o terreno le pedía permiso para plantar “mis árboles”.

Para buscar el momento propicio de plantarlos, me fijé en la Naturaleza. Ésta suelta sus frutos y semillas a fines del verano para luego protegerlas con sus hojas en otoño y ablandarlas y regarlas con la lluvia en esa misma estación y eso hice yo: Repartí las semillas a fines del verano y la arcilla ofrecía la protección que no podían ofrecer la caída de las hojas de unos árboles todavía inexistentes. Luego, el resto, lo hizo la Madre Tierra sola.Bosque comestible - Guía

Ahora, cuando me paseo por estos bellos parajes en donde vivo, no puedo evitar una maravillosa sensación de amplitud, orgullo, expansión… El rico bosque aquí existente no se hizo sólo con mi actuación pero sí contribuyó en gran medida. Nacieron algunos árboles. Pocos pero algunos. De éstos, unos murieron y otros muchos sobrevivieron. Los que sobrevivieron esparcieron sus frutos y semillas naciendo solos muchos otros años más tarde. Poco a poco fue llegando diversa fauna al lugar. Ellos se comían los frutos y trasladaban las semillas a otros lugares relativamente cercanos extendiendo, propagando el bosque. También lo abonaban y traían en sus pelos, heces o bocas semillas de otras plantas menores (así como también las traía el viento) Plantas que ahora sí podían germinar y crecer libremente al haber más sombra, humedad y menos heladas… y así, poco a poco todo mejoró…

Ahora, mis hijos y nietos se pasan los ratos libres recolectando semillas o haciendo bolitas de arcilla con ellas dentro. Sé que el día de mañana se sentirán tan satisfechos de sus actos como yo ahora, muchos años después, así como que disfrutan tremendamente de lo que hacen y los sentimientos que les producen. ¿Quieres ayudarnos a repoblar? Nos gustaría mucho tenerte entre nosotros. Los árboles, la Naturaleza, el Universo y tu propio corazón te sonreirán.

Cuento sacado del libro “Cuentos Naturistas para Niños y Adultos” de Nuria Aragón Castro. Mandala Ediciones.

Categorías: naturaleza | Etiquetas: , | Deja un comentario

El dentista y el fluor

Había una vez un dentista. Se llamaba Lester. Durante muchos años, lo mismo que todos los otros dentistas que conocía, Lester estaba convencido de que el flúor en el agua potable era bueno para todos. Al igual que los otros dentistas, Lester había aprendido en la escuela de los dentistas que el flúor mitigaba la caries de los dientes. Lester creía que el flúor era sólo flúor140px-silicon-tetrafluoride-3d-vdw

Entonces, un día tropezó con un químico y empezaron a hablar del tema de la fluorización del agua potable. El químico le preguntó acerca del tipo de fluoruro que se utilizaba para la fluorización del agua potable. Lester le contestó:

-Nosotros simplemente nos limitamos a ajustar el nivel de flúor en el agua, añadiendo una parte por millón de sólo flúor.

-No existe ninguna sustancia que sea solamente flúor-, le contestó.

Lester se rascó la cabeza:

-Pero es que ellos me dijeron que la sustancia que se adicionaba al agua era sólo flúor.

El químico se echó a reír con ganas:

 -El flúor es el elemento químico existente más electronegativo que existe y nunca se encuentra aislado en la naturaleza, por lo que existen muchos tipos de fluoruro. Así por ejemplo, el fluoruro cálcico se encuentra en el agua natural. También existen otros tipos de fluoruro distintos como el fluoruro de plomo, el fluoruro de aluminio, etc. Si añades flúor al agua, tiene que ser bajo forma de un compuesto y es por esto que te he preguntado por el tipo de fluoruro que añadíais.

Lester se sintió mareado. No había caído en esto.

Al día siguiente, Lester se fue a la biblioteca para examinar libros de química y se enteró de que el fluoruro cálcico se encuentra naturalmente en el agua. También descubrió que el fluoruro cálcico es prácticamente insoluble en el agua y que no puede ser fácilmente absorbido por el cuerpo. Su amigo, el químico, tenía mucha razón, ya que existía un gran número de compuestos de fluoruro distintos.

Ahora, intrigado, Lester buscó algunos estudios científicos acerca de la fluorización. Leyó que, en las pruebas de laboratorio, los científicos utilizaban agua purificada y fluoruro sódico de alta pureza y calidad para realizar sus investigaciones y también descubrió que el fluoruro sódico es absorbido por el cuerpo mucho más fácilmente que el fluoruro cálcico. Su amigo tenía razón y el dentista se preguntó cómo era posible que alguien pudiera decir que el fluoruro cálcico era lo mismo que el fluoruro sódico.

Al día siguiente Lester telefoneó a la Compañía de Aguas para preguntarles si estaban añadiendo fluoruro cálcico o fluoruro sódico al agua potable. El director del departamento del agua potable le explicó que ellos estaban añadiendo al agua un producto conocido como fluoruro de sílice y que lo compraban como un producto de muy baja calidad, debido a que les resultaría demasiado caro utilizar uno de más pureza y calidad y que, de todos modos, el departamento de Sanidad no pagaría por un fluoruro cálcico de alta pureza, por considerar que el flúor es siempre flúor, sin importarles de dónde provenía. En esta situación Lester se sintió completamente desconcertado.

-¿Dónde conseguís estos fluoruros de sílice?-, acabó por preguntar. El director del departamento de agua potable le explicó que el fluoruro de sílice, también conocido como ácido hexafluosilícico, constituye un subproducto tóxico de desecho procedente de los condensadores de gases contaminantes en la producción de abonos fosfatados.

El dentista quedó horrorizado:

-¡Debéis estar locos para poner esta sustancia en el agua de beber!

El director de dicho departamento le dio la razón, puesto que el ácido hexafluosilícico también contenía otras sustancias tóxicas, como arsénico, berilio, mercurio, plomo… Le comunicó que él no bebía el agua de la ciudad debido a los muchos contaminantes que estaban presentes en el producto utilizado para la fluorización y que causan problemas en la salud: “Por ejemplo, el arsénico causa cánceres de próstata, vejiga, riñón, piel y pulmón y no existe un umbral de seguridad para el arsénico”.

Lester quedó aterrado y preguntó al director por qué no paraban de fluorizar el agua con este líquido contaminante, asombrándose de que alguien fuera capaz de añadir un conocido agente cancerígeno al agua potable. El director le contestó que él se limitaba a hacer su trabajo.

Después de una noche de insomnio, Lester reconsideró el dilema de la fluorización mientras se enjabonaba en la ducha. “Dicen que se limitan a ajustar tan sólo el nivel del flúor natural en el agua en relación al fluoruro cálcico, pero que utilizan un fluoruro sódico de alta calidad y agua muy pura para los experimentos con ratas en el laboratorio. ¡Pero ellos están añadiendo un líquido contaminado de la condensación de gases en el agua que yo bebo!”. No tenía sentido.

Realizó una llamada a la asociación de dentistas, explicando lo que había aprendido, pero su interlocutor le contestó fríamente:

Si valoras tu licencia para poder trabajar como odontólogo, ni se te ocurra mencionar este tema otra vez”. Lester se quedó anonadado.

Había trabajado duro y estaba muy orgulloso de toda su experiencia profesional, y de sus dos coches de coleccionista; no podría soportar su pérdida. Y también pensó en su mujer y su familia, y cuánto echaría de menos su lujoso hogar con sus cuatro cuartos de baño, su jacuzzi, las escuelas privadas y sus vacaciones en el extranjero…

Al cabo de poco tiempo, tomó la decisión de no beber más agua del grifo. A partir de entonces, en casa comprarían agua embotellada. De todos modos, no se sintió muy feliz cuando entró a la sala de visitas para recibir y saludar al primer paciente del día.
Unos meses más tarde fue a visitarse a su colega, también médico, para su revisión médica anual y se enteró de que tenía un cáncer de próstata. Recordó las palabras del director del departamento del agua potable: “El arsénico causa cáncer de próstata”. La mayor parte de los contaminantes del agua de la red pública son absorbidos a través de la piel, cuando uno se ducha, o a través de las ropas lavadas con este agua.
Pobre Lester.

George Glasser se dedica al periodismo de investigación especializado en temas del medio ambiente.

FUENTES : dsalud.com/reportaje/los-graves-peligros-del-fluor

r-evolucion.es/2013/09/03/espana-fomenta-la-fluoracion-del-agua-y-el-mundo-la-prohibe/

 

fluor

Categorías: Salud Natural | Etiquetas: , , | Deja un comentario

Mensaje del Jefe Seattle al hombre blanco (1855)

“El gran jefe de Washington manda palabras, ha mandado decir que quiere comprar nuestra tierra. El gran jefe nos ha asegurado también su amistad y benevolencia. Esto es amable de su parte, pues bien sabemos que él no necesita nuestra amistad.

jefe-seattle
Vamos, sin embargo, a pensar en su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco vendrá con armas y tomará nuestra tierra. El gran jefe en Washington puede confiar en lo que dice el jefe Seathl con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos pueden confiar en el retorno de las estaciones del año. Mi palabra es como las estrellas: ellas no palidecen.
¿Como se puede comprar o vender el cielo y el calor de la tierra? Tal idea nos es extraña. Nosotros no somos dueños de la pureza del aire, ni del fulgor del agua. ¿Entonces cómo puede usted comprarlos de nosotros? Nosotros decidiremos en nuestro tiempo.
Cada terrón de esta tierra es sagrado para mi gente. Cada reluciente espina de pino, cada playa arenosa, cada velo de neblina en la oscura selva, cada claro del bosque y cada insecto que zumba son sagrados en las tradiciones y en la conciencia de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles, lleva consigo las memorias de nosotros.
El hombre blanco olvida su tierra natal cuando, después de muerto, va a vagar entre las estrellas. Nuestros hermanos nunca olvidan esta hermosa tierra, pues ella es la madre del hombre rojo. Somos parte de la Tierra y ella es parte de nosotros. La flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo y la gran águila, estos son nuestros hermanos.. Las cumbres rocosas y los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y del hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por eso cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, exige mucho de nosotros. El Gran Jefe manda decir que va a reservar para nosotros un lugar en el que podamos vivir cómodamente. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso vamos a considerar su oferta de compra de nuestra tierra. Pero no va a ser fácil, porque esta tierra es sagrada para nosotros.
Esta agua brillante que corre por los ríos y arroyos no es sólo agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra deberán recordarse que es sagrada y tendrán que enseñarle a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo en el espejo del agua transparente de los lagos cuenta las historias y los recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos. Sacian nuestra sed. Los ríos transportan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos.
Si les vendemos nuestra tierra habrán de recordar y de enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también suyos y tendrán que tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vivir. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y después de conquistarla sigue su camino. Deja tras de sí las tumbas de sus antepasados y no le importa. Arrebata la tierra de las manos de sus hijos y no le importa. Olvida la sepultura de sus padres y el derecho de sus hijos a la herencia. Trata a su madre la Tierra y a su hermano el Cielo, como cosas que se pueden comprar, saquear o vender como ovejas o cuentas de colores. Su voracidad arruinará la Tierra, dejando tras de sí sólo desierto.
La visión de sus ciudades causa tormento a los ojos del hombre piel roja. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco. No hay un lugar en el que se pueda oír el brotar de las hojas de los árboles en la primavera o el zumbido de las alas de un insecto. Pero tal vez eso se deba a que yo soy un salvaje que no entiende nada. El ruido no sirve más que para insultar a los oídos. Y yo me pregunto ¿qué queda de la vida si el hombre ya no puede escuchar la hermosa voz solitaria de un pájaro nocturno ni las conversaciones de las ranas junto al lago? Soy un hombre piel roja y no entiendo nada. Nosotros preferimos el suave susurro del viento acariciando la superficie de un lago y el aroma del mismo viento purificado por una lluvia de mediodía o perfumado con aroma de pinos.
El aire es muy valioso para el hombre piel roja, porque todas las criaturas comparten un mismo aliento: los animales, los árboles y los hombres. Todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece percibir el aire que respira. Como un moribundo que agoniza durante muchos días, es insensible al aire fétido. Pero si les vendemos nuestra tierra habrán de acordarse de que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que el sustenta. El viento que dio a nuestro bisabuelo su primer soplo de vida, recibe también su último suspiro. Y si les vendemos nuestra tierra, deberán mantenerla reservada y sagrada, como un lugar al que el mismo hombre blanco pueda ir para saborear el viento perfumado por la fragancia de las flores de la pradera.
Así pues, vamos a considerar su oferta de compra de nuestra tierra. Si decidimos aceptar, lo haré con una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como si fuesen hermanos.
Soy un salvaje y no consigo pensar de otro modo. He visto a millares de bisontes pudriéndose en la pradera, muertos por el hombre blanco a tiros desde un tren en movimiento. Soy un salvaje y no entiendo cómo un humeante caballo de hierro puede ser más importante que el bisonte que nosotros matamos únicamente para sustento de nuestras vidas.
¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se acabasen, el hombre moriría de soledad del espíritu. Porque todo lo que le suceda a los animales, le sucede también al hombre. Todo está relacionado entre sí. Debéis enseñarles a vuestros hijos que la tierra donde pisan simboliza las cenizas de nuestros antepasados. Para que tengan respeto a sus padres, cuéntenles a sus hijos que la riqueza de la Tierra son las vidas de nuestros parientes.

Enséñenles a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la Tierra es nuestra madre. Todo lo que hiera a la Tierra herirá a los hijos y a las hijas de la Tierra. Si los hombres escupen el suelo, escupen sobre sí mismos. El hombre no tejió la trama de vida: él es sólo un hilo. Todo cuanto haga a la trama se lo hará a sí mismo. Todas las cosas están relacionadas entre sí como la sangre que une una familia. Todo está relacionado.
Una cosa sabemos: que la Tierra no le pertenece al hombre. Es el hombre el que pertenece a la tierra. De eso estamos ciertos.
Nuestros hijos han visto a sus padres humillados en la derrota. Nuestros guerreros sucumben bajo el peso de la derrota. Y después de la derrota pasan sus días sin hacer nada, envenenando sus cuerpos con alimentos endulzados y bebidas fuertes. No tiene mucha importancia dónde pasaremos nuestros últimos días. Estos no son muchos. Algunas horas más, algunos inviernos quizás, y ninguno de los hijos de las grandes tribus que vivieron estas tierras o que han vagado en grupos por los bosques quedará para llorar sobre las tumbas de un pueblo que un día fue tan poderoso y lleno de confianza como el nuestro.Screenshot_1
Ni el hombre blanco con su Dios, con el que anda y con quién conversa de amigo a amigo, queda al margen del destino común. Podríamos ser hermanos a pesar de todo. Vamos a ver. Estamos ciertos de que el hombre blanco llegará tal vez a descubrir, un día, una cosa: nuestro Dios es el mismo Dios. Quizás piensen que Lo pueden poseer de la misma manera que desean poseer nuestra tierra. Pero no pueden. El es el Dios del hombre. Él tiene la misma piedad para con el hombre rojo y para con el hombre blanco. Esta Tierra es preciosa para Él. Causar daño a la Tierra es despreciar a su Creador.
Los blancos también han de acabarse un día. Puede que más temprano que las otras tribus. Seguid adelante. Ensuciad vuestra cama y alguna noche vais a morir ahogados en vuestros propios excrementos.
Sin embargo, al desaparecer, brillarán con fulgor, abrasados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y los destinó a dominar a ella y al hombre rojo. Este destino es un enigma para nosotros. No conseguimos imaginarnos cómo será cuando los bisontes hayan sido masacrados, los caballos salvajes domesticados, los rincones más apartados del bosque infestados por el olor de muchos hombres y las colinas ondulantes cortadas por los hilos que hablan.
¿Dónde ha quedado el bosque denso y cerrado? Se acabó. ¿Dónde estará el águila? Desaparecida. ¿Qué significa decirle adiós al caballo ligero y a la caza? Es el fin de la vida y el comienzo de la supervivencia.
Por algún designio especial, Dios os ha dado el dominio sobre los animales, los bosques y el hombre rojo. Pero ese designio es para nosotros un misterio. Tal vez lo comprenderíamos si conociésemos los sueños del hombre blanco, si supiésemos cuáles son las esperanzas que transmite a sus hijos e hijas en las largas noches de invierno y cuáles son las visiones de futuro que ofrece a sus mentes para que puedan formular deseos para el día de mañana. Pero nosotros somos salvajes. Los sueños del hombre blanco siguen ocultos para nosotros. Y por estar ocultos, hemos de caminar solos nuestro propio camino, pues, por encima de todo, apreciamos el derecho que cada uno tiene de vivir conforme desea. Por eso, si nosotros aceptamos, será para asegurar la reservación que nos han prometido. Allí quizás podamos vivir nuestros últimos días conforme deseamos.
Después que el último hombre rojo haya desaparecido de la tierra y su recuerdo no pase de ser la sombra de una nube flotando sobre las praderas, el alma de mi pueblo seguirá viviendo en estos bosques y playas, porque nosotros los hemos amado como un recién nacido ama el palpitar del corazón de su madre.
Si vendemos a ustedes nuestra tierra, ámenla como nosotros la amábamos, protéjanla como nosotros la protegíamos. Nunca olviden como era esta tierra cuando tomaron posesión de ella. Y con toda su fuerza, con su poder y con todo su corazón consérvenla para sus hijos e hijas y ámenla como Dios nos ama a todos.
Una cosa sabemos: nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes y esta Tierra le es Sagrada. Ni siquiera el hombre blanco puede eludir el destino común a todos nosotros.”Screenshot_2

Categorías: Sabiduria ancestral | Etiquetas: , | 3 comentarios

19 Mandamientos de María Montessori para los padres de familia

Se dice que sólo cuatro pedagogos del siglo XX revolucionaron la crianza de los niños. Son el americano John Dewey, el alemán Georg Kerschensteiner, la italiana Maria Montessori y el pedagogo de la entonces Union Soviética, Antón Makarénko.

María Montessori redactó cortos “mandamientos-recordatorio” para los padres de familia. Son sencillos, pero si lo piensas un poco más a fondo, en cada uno de ellos hay gran sabiduría en sólo algunas palabras. Se recomienda a los papás y mamas leerlos al menos una vez al año (y ponerlos en práctica) así, lo mas probable es que la relación con sus hijos mejore en calidad y cantidad, además ellos crecerán con una personalidad mejor desarrollada y serán individuos más cercanos a la vida en armonía.

  1. Los niños aprenden de lo que los rodea.
  2. Si criticas mucho a un niño, él aprenderá a juzgar
  3. Si elogias con regularidad al niño, él aprenderá a valorar.
  4. Si se le muestra hostilidad al niño, él aprenderá a pelear.
  5. Si se es justo con el niño, el aprenderá a ser justo.
  6. Si se ridiculiza al niño con frecuencia, él será una persona tímida.
  7. Si el niño crece sintiéndose seguro, aprenderá a confiar en los demás.
  8. Si se denigra al niño con frecuencia, se desarrollará en él un malsano sentimiento de culpa
  9. Si las ideas del niño son aceptadas con regularidad, él aprenderá a sentirse bien consigo mismo.
  10. Si se es condescendiente con el niño, él aprenderá a ser paciente
  11. Si se alienta al niño en lo que hace, ganará seguridad en sí mismo
  12. Si el niño vive en una atmósfera amigable y se siente necesario, aprenderá a encontrar amor en el mundo.
  13. No hables mal de tu niño/a, ni cuando está cerca, ni cuando no lo está
  14. Concéntrate en el desarrollo de lo bueno del niño de tal manera que sencillamente no quede lugar para lo malo
  15. Escucha siempre a tu hijo y respondele cuando él se acerque a tí con una pregunta o un comentario
  16. Respeta a tu hijo aunque haya cometido un error. Lo corregirá ahora o quizá un poco más adelante
  17. Está dispuesto a ayudar si tu niño busca algo, pero tambien está dispuesto a pasar desapercibido si él mismo ya ha encontrado lo que buscaba
  18. Ayuda al niño a asimiliar lo que antes no había podido asimilar. Haz eso llenando el mundo que lo rodea de cuidado, discreción, oportuno silencio y amor.
  19. Cuando te dirijas a tu hijo, hazlo siempre de la mejor manera. Dale lo mejor que hay en tí.
Categorías: Educación | Deja un comentario

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.